Una novela desgarradora sobre un niño que se evade bebiendo y unos adultos que tratan de encontrar un sentido a sus vidas.
En el centro de esta novela hay un niño de doce años: Théo, hijo de padres separados. El progenitor, sumido en una depresión, apenas sale de su caótico y degradado apartamento, y la madre vive consumida por un odio sin fisuras hacia su ex, que la abandonó por otra mujer.
En medio de esa guerra, Théo encontrará en el alcohol una vía de escape. A su alrededor se mueven otros tres personajes: Hélène, la profesora que cree detectar que el niño sufre maltrato a partir del infierno que vivió en su propia infancia; Mathis, el amigo de Théo, con el que se inicia en la bebida, y Cécile, la madre de Mathis, cuyo tranquilo mundo se tambalea después de descubrir algo inquietante en el ordenador de su marido...
Todos estos personajes son seres heridos. Marcados por demonios íntimos. Por la soledad, las mentiras, los secretos y los autoengaños. Seres que caminan hacia la autodestrucción, y a los que acaso puedan salvar –o tal vez condenar definitivamente– las lealtades que los conectan, esos «lazos invisibles que nos vinculan a los demás (...) las leyes de la infancia que dormitan en el interior de nuestros cuerpos, los valores en cuyo nombre actuamos con rectitud, los fundamentos que nos permiten resistir, los principios ilegibles que nos corroen y nos aprisionan. Nuestras alas y nuestros yugos. Son los trampolines sobre los que se despliegan nuestras fuerzas y las zanjas en las que enterramos nuestros sueños».
Una novela concisa, escrita con una prosa afilada, y que no da tregua al lector. Un relato de una contundencia sin contemplaciones, desgarrador y necesario.
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Delphine de Vigan
Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966) vive en París.
estudió en el Centro de Estudios Literarios y Científicos Aplicados (CELSA), tras lo que comenzó una carrera dedicada al análisis de encuestas en un instituto de opinión. Al mismo tiempo inició la escritura de su primera novela, Jours sans faim, basada levemente en su propia vida, y que publicó bajo el seudónimo de Lou Delvig.
Sin embargo, tuvo que esperar a la publicación de No y yo (2007), su cuarta novela, para lograr el éxito literario. Con este libro se hizo con el prestigioso Rotary International y el Premio de los libreros. En 2010 se llevó al cine, siendo su primera obra traducida a varios idiomas.
Tras este éxito, de Vigan se dedicó por completo a la literatura, logrando otros premios tan importantes como el Fnac, el France Television o el Renaudot des lycéens, gracias a novelas como Nada se opone a la noche o Basada en hechos reales.
En Anagrama ha publicado, desde 2012: Días sin hambre: «Maneja la materia autobiográfica con una contención que remite a Marguerite Duras» (Marta Sanz); No y yo: «Maestría y ternura... Una novela atípica» (Juanjo M. Jambrina, Jot Down); Las horas subterráneas: «Sensible, inquietante y un poco triste. Triste y soberbia» (François Busnel, L’Express); Nada se opone a la noche, que la consagró internacionalmente, ha vendido en Francia más de ochocientos mil ejemplares, ha sido publicada por una veintena de editoriales extranjeras y ha recibido el Premio de Novela Fnac, el Premio de Novela de las Televisiones Francesas, el Premio Renaudot de los Institutos de Francia, el Gran Premio de la Heroína Madame Figaro y el Gran Premio de las Lectoras de Elle: «Este magnífico testimonio la confirma como una escritora contemporánea de referencia. Imprescindible» (Sònia Hernández, La Vanguardia); «Con sobriedad y precisión, sin sentimentalismo (pero no sin sentimiento), Delphine de Vigan firma una inteligente, magnífica e implacable novela» (Elvira Navarro); Basada en hechos reales, galardonada con el Premio Renaudot y el Goncourt de los Estudiantes, y llevada al cine por Roman Polanski: «Hace alarde de maestría expresiva para disolver los límites de lo que es verdad y lo que es mentira... Apasiona» (Robert Saladrigas, La Vanguardia); Las lealtades: «Perturbadora» (Javier Aparicio Maydeu, El País); «Cuestiona a una sociedad que mira hacia otro lado, ante las violencias soterradas» (Lourdes Ventura, El Mundo); y Las gratitudes: «Pequeño prodigio con el que la autora francesa reflexiona sobre la vejez, la soledad y la importancia de las palabras» (David Morán, ABC). Los reyes de la casa: «Un thriller que se te pega a las manos, denuncia del horror que en cubren las redes sociales manejadas por niños y adultos codiciosos» (Elena Pita, El Periódico).